Anti-walk, una práctica estética en la ciudad

Marta Carrasco Bonet

[Artículo basado en el capítulo Anti-walk, del libro WALKSCAPES. EL ANDAR COMO PRÁCTICA ESTÉTICA. CARERI, Francesco. Ed. Gustavo Gili. Barcelona, 2002.]

Desde que tenemos un año y medio, ya empezamos a caminar y prácticamente no dejamos de hacerlo a lo largo de nuestra vida. Pero, realmente aprendemos? Lo hacemos con conciencia?

La experiencia de la ciudad-recorrida se remonta desde las primeras formas dadaístas hasta las primeras experiencias de los años 70. A lo largo del siglo XX, la experiencia del “caminar” abandona la relación con el ámbito religioso para acabar convirtiéndose en una forma de arte autónoma. En este artículo haremos un repaso a este tipo de práctica estética desde las primeras propuestas de Dada hasta la dérive situacionista para acabar con el proyecto de New Babylon de Constant.

La primera cita dadaísta

París, 14 d’abril de 1921. Església de Saint-Julien-le-Pauvre. Esta visita se plantea como el inicio de una serie de incursiones urbanas en lugares banales de la ciudad. Por primera vez se trata de una operación estética consciente basada en la acción, al habitar la ciudad más que en representarla. Esta fue una operación simbólica en la que se atribuyó un valor estético a un espacio en vez de a un objeto. Las primeras visitas de Dada y las deambulaciones surrealistas posteriores supusieron un cambio fundamental en el sistema del arte, ya que se estaba utilizando el acto de recorrer un espacio como una forma estética, lo que sustituiría a la representación de la ciudad del futuro. Aparte, antes de estas incursiones, el espacio público era sólo potestad de arquitectos y urbanistas, y el arte sólo entraba a formar parte del espacio público mediante las ornamentaciones como esculturas en las plazas o los parques. Con esta acción cuyo objetivo es el simple hecho de desplazarse hacia el lugar para descubrirlo, sin realizar ninguna acción material, brinda a los artistas la oportunidad de intervenir de nuevo en la ciudad.

Esta es quizás la imagen más importante de la visita, donde vemos al grupo Dada posando en un terreno vacío. El tema de la fotografía es la simple presencia del grupo en la ciudad, siendo conscientes de lo que están haciendo, o sea nada.

Este tipo de operaciones estéticas iban acompañadas de una gran cantidad de octavillas, comunicados de prensa y documentación fotográfica. Un ejemplo es la octavilla repartida a los peatones:

“Los dadaístas, de paso por París, queriendo subsanar la incompetencia de las guías y de los presuntos ciceroni, han decidido emprender una serie de visitas a ciertos lugares elegidos, en especial a aquellos que realmente no poseen ninguna razón de existir. Se insiste equivocadamente en lo pintoresco, en el interés histórico y en el valor sentimental. La partida no está todavía perdida, pero es necesario actuar con urgencia. Participar en esta primera visita significa rendir cuentas del progreso humano, de las posibles destrucciones y de la necesidad de proseguir con nuestras acciones, que vosotros deberíais intentar apoyar por todos los medios”.

Imagen de Carla Bodoni.

Durante los primeros años del s.XX el movimiento fue un tema fundamental en las investigaciones vanguardistas. El movimiento y la velocidad se habían consolidado como una nueva presencia urbana; se intentaron fijar mediante los sistemas de representación tradicionales, como es el caso de “La representación del movimiento” (imagen 1) de Etienne-Jules Marey y el “Nu descendant un escalier “(imagen 2) de Duchamp. Pero después de la experiencia de Dada, lo que consideramos el primer readymade urbano, se pasó de esta representación en la práctica en el espacio real.

La ciudad dadaísta es una ciudad de la banalidad que ha abandonado todas las utopías hipertecnológicas del futurismo (automóviles a gran velocidad, flujos de energía, luces, ruidos, una metamorfosis constante del espacio …). En este momento, el movimiento se entiende de otra manera. Así pues, la presencia frecuente y las visitas a lugares aparentemente banales es para los dadaístas una manera de desacralizar el arte con el fin de llegar a la unión del arte con la vida, de lo sublime con lo cotidiano [pág.73 ].

La deambulación surrealista

En 1924 el grupo dadaísta organiza otra intervención, pero esta vez van más allá y proponen un recorrido errático por un territorio natural, o sea, lo que sería la materialización del lachez tout de André Breton. Este recorrido señala el paso definitivo de Dada al surrealismo, aunque en esta misma época es cuando las manifestaciones de Dada empiezan a despertar cada vez menos entusiasmo. Por eso, Louis Aragon, André Breton, Max Morise y Roger Vitrac organizan una deambulación a campo abierto por el centro de Francia. Breton recuerda este “deambular a cuatro bandas”, conversando y caminando durante varios días seguidos, como una “exploración hasta los límites entre la vida consciente y la vida soñada” [pag.80].

“Así pues, todos estamos de acuerdo en que podemos vivir una gran aventura. ‘Dejadlo todo…Salid a las calles’: éste era el motivo de mis exhortaciones en aquél período […]. Sin embargo, ¿de qué calles había que salir? De unas calles en el sentido material, eso era poco probable; de unas calles espirituales, eso no nos parecía bien. El hecho es que se nos ocurrió una la idea de combinar ambos tipos de calles.

De ahí surgió una deambulación entre cuatro: Louis Aragon, Max Morise, Roger Vitrac y yo mismo, emprendida en aquella época partiendo de Blois, una ciudad elegida al azar sobre el plano”. André Parinaud. Dins: ENTRETIENS BRETON, André. Ed.Gallimard. París, 1952.

La deambulación “consiste en conseguir, mediante el caminar, un estado de hipnosis, una desorientadora pérdida de control. Es un médium a través del cual entra se en contacto con la parte inconsciente del territorio”. [Pág.84]

“De la ciudad banal, a la ciudad inconsciente”

Los surrealistas encaran esta concepción del arte y la ciudad que había comenzado con Dada de una manera más positiva, intentando superar la negación dadaísta. Sostenían que a parte de los territorios de la banalidad, existían los territorios del inconsciente. “Los surrealistas estaban convencidos de que el espacio urbano se puede atravesar igual que nuestra mente, que en la ciudad puede revelarse una realidad no visible”. [Pág.88].

“La calle, a la que creía capaz de comunicar a mi vida sus sorprendentes recodos, la calle con sus inquietudes y sus miradas, era mi auténtico elemento: tomaba en ella como en algún otro sitio, el aire de lo eventual.” André Breton. LES PAS PERDUS. N.R.F. París, 1924.

Dada señaló la ciudad como un espacio estético donde poder trabajar con acciones cotidianas o simbólicas, el surrelisme, en cambio, utilizó el caminar como un medio a través del cual indagar y descubrir las zonas inconscientes de la ciudad. Posteriormente, los situacionistas reprocharon a los surrealistas que no hubieran llevado hasta el final el proyecto dadaísta. “Situarse fuera del arte, el arte sin obras ni artistas, el rechazo de la representación y del talento personal, la búsqueda de un arte anónimo, colectivo y revolucionario, todo esto será recogido, junto a la práctica del andar, por los errabundeos los letristas / situacionistas “. [Pag.90]

La dérive

Tras la “visita” dadaísta y la “deambulación” surrealista, aparece una nueva actividad que los situacionistas llaman la dérive. Esta vez se da un paso más y aparte de apuntar hacia la definición de zonas inconscientes de la ciudad, se trata de investigar apoyándose en el concepto de “psicogeografía”, “los efectos psíquicos que el contexto urbano produce en los individuos “[Pag.92].

“El concepto de deriva está ligado indisolublemente al reconocimiento de efectos de natualeza psicogeográfica, y a la afirmación de un conmportaiento lúdico-constructivo, lo que la opone en todos los aspectos a las nociones clásicas de viaje y paseo […]. Una desconfianza insuficiente respecto al azar […] condenó a un triste fracaso al famoso deambular sin meta intentado en 1923 por cuatro surrealistas partiendo de una ciudad elegida al azar: el vagar en el campo abierto es deprimente, evidentemente, y las interrupciones del azar son más pobres que nunca”. Guy Débord. THÉORIE DE LA DÉRIVE.

La ciudad se concibe como un paisaje psíquico construido por huecos, hay partes que se olvidan para poder construir infinitas ciudades posibles en el vacío que queda. Algunos de los documentos que nos muestran estas ideas son la Guide Psycogéographique de Paris (1957), y The Naked City (1957), ambos de Guy Debord. Es como si los barrios, descontextualizados, estuvieran a la deriva. No se señalan los recorridos interiores de los barrios, y las flechas representan los fragmentos de todas las derivas posibles.

La New Babylon, de Constant

Acabamos con el proyecto de New Babylon de Constant, que se desarrolla paralelamente a la teoría del urbanismo unitario y, al mismo tiempo, cuando la teoría de la dérive adquiere “un fundamento histórico y una tridimensionalidad arquitectónica” [pag 115]. En este caso la “superación del arte” se traslada hasta una “superación de la arquitectura” construyendo una “ciudad nómada” donde la libertad del hombre es uno de los motivos fundamentales. Una ciudad nómada sin límites.

“Somos los símbolos vivos de un mundo sin fronteras, de un mundo de libertad, sin armas, donde cualquiera puede viajar desde las estepas de Asia Central hasta las costas atlánticas, desde los altiplanos de África del Sur hasta los bosques finlandeses”. Vaida Void III. Dins: NEW BABYLON. CONSTANT. Haags Gemeentemuseum. La Haya, 1974.

Fuentes:

WALKSCAPES. EL ANDAR COMO PRÁCTICA ESTÉTICA. CARERI, Francesco. Ed. Gustavo Gili. Barcelona, 2002
Boiteaoutils blog – Constant’s New Babylon Drawings
Paisaje transversal – Reflexiones, extractos y comentarios sobre el libro “Walkscapes”
Rara Avis Expedientes – Carla Bodoni en Excursiones y visitas Dada, 14 de abril de 1921